CONTRA LA IMPUNIDAD

“(…) un ejemplo claro del rechazo de las conclusiones de la Comisión de la Verdad lo constituyó la aprobación de una amplia ley de amnistía pocos días después del Informe de la Comisión. La celeridad con que esta ley se aprobó en la Asamblea Legislativa puso de manifiesto la falta de voluntad política de investigar y llegar a la verdad mediante medidas judiciales y castigar a los culpables”.
Kofi Annan, en su balance final del llamado proceso de paz salvadoreño"

domingo, 31 de julio de 2011

Informe de la Comisión Interamericana de DDHH sobre la masacre de estudiantes 25 de julio 1975.

Caso 1971
Este es un retazo:

En la ciudad de San Salvador, los estudiantes de la Universidad de El Salvador acordaron, el día 28 de julio, en asamblea general, realizar una manifestación pacífica de protesta por los acontecimientos ocurridos unos días antes en la ciudad de Santa Ana2 y salir en defensa de la autonomía universitaria. La fecha de esta manifestación se señaló para la tarde del miércoles 30 de julio.

El día programado para la manifestación estudiantil, ésta salió a eso de las cuatro de la tarde de la Ciudad Universitaria.

Los dirigentes estudiantiles acordaron, unánimemente, evitar todo motivo que pudiese servir de pretexto para la provocación de los cuerpos represivos. La manifestación marchaba en completo orden.

Se dio instrucciones anticipadas en el sentido de no llevar pintura, para que no se fuera poniendo lemas en paredes y muros de casas y edificios de las calles por donde pasarían los desfilantes. En los carteles se escribieron únicamente temas relativos al problema universitario y expresiones en defensa de los derechos y garantías democráticos. Como en toda manifestación juvenil, no faltaban las canciones de protesta y las porras del colorido acostumbrado.

Es decir, que a pecho abierto, y sin más armas que las palabras ... iban los manifestantes universitarios, con el propósito de llevar hasta el centro de la ciudad. En la Plaza Libertad se celebraría un mitin que informaría al pueblo de lo que estaba acaeciendo en Santa Ana y lo pondría en guardia acerca de los peligros de un nuevo cierre que se cernía sobre la Universidad. Además, se esclarecería que la actitud anti-universitaria del Gobierno, es parte del plan global de represión que se tiene en proyecto, como capítulo de la estrategia oficial de destruir toda oposición popular.

Tales eran los propósitos de la manifestación.

En el trayecto de la 25 Avenida Norte, llamada Avenida Universitaria, no se advirtió ninguna amenaza inminente contra la seguridad de los manifestantes. Sin embargo, cuando la cabeza del desfile llegó al paso a nivel, aledaño al Hospital del ISSS, aparecieron, trepidantes, las unidades blindadas; además de esas unidades blindadas, se situaron a las alturas del Hospital de Maternidad, camiones de fuerzas anti-motines, equipados con fusil, machetes y garrotes, sin faltarles sus cascos protectores y sus máscaras anti-gases. Había, asimismo, guardias nacionales y de hacienda.

El despliegue de fuerza, en las inmediaciones del Hospital Rosales y al lado norte del Colegio la Asunción, parecía destinado a enfrentar a un enemigo poderosamente armado y no a una manifestación pacífica, sin armas, de universitarios.

Los que encabezaban la manifestación, bastante confusos, quisieron ganar la calle que pasa frente a la entrada principal del ISSS (3a Calle Poniente), desviándose hacia la izquierda, para tratar de evitar el enfrentamiento con las unidades blindadas estacionadas al lado del Hospital de Maternidad. Sin embargo, cuando doblaron, contingentes de la Guardia Nacional estaban ya estratégicamente apostados detrás del Colegio La Asunción. La cabeza de los manifestantes quiso dar marcha atrás, pero las unidades blindadas les habían cortado el camino porque habían avanzado sobre el puente del paso a nivel, transformándose el lugar en una trampa de la cual no se podía salir, aun saltando los muros para caer pesadamente en el pavimento de la calle que pasa bajo el puente. En este sitio no fueron pocos los manifestantes que quedaron fracturados algunos de los cuales fueron rematados a tiros.

En el momento mismo en que se daba marcha atrás, comenzaron los disparos de fusilería y de ametralladoras, a la par del estallido de bombas lacrimógenas, descargadas por los cuerpos represivos. La cacería humana dio comienzo.

No era la dispersión de los manifestantes lo deseado por los comandos del crimen; no era el desbaratamiento del desfile. Si éste hubiese sido su propósito, habría bastado una sola bomba de gas lacrimógeno para poner punto final a aquella manifestación pacífica.

Lo que anhelaban, en su furia incontenible, era el derramamiento de sangre estudiantil.

Lo que decimos, se corrobora con la fría decisión de tirar a matar en la tarde del 30 de julio, de perseguir hasta aniquilar, de lanzar los carros blindados contra la multitud inerme, de machetear salvajemente al que se ponía a su alcance, de dejar desangrar a sus víctimas impidiendo con brutalidad cualquier auxilio oportuno que se les quiso brindar de parte de médicos y enfermeros del ISSS.

Lo que decimos se corrobora, asimismo, con que detrás de las unidades blindadas marchaba una ambulancia militar, señalada con una Cruz Roja, cuyos ocupantes fueron encargados de tirar, como sacos de papas, los cuerpos de decenas de personas muertas o heridas de gravedad, sustrayendo así las evidencias del crimen.

El fuego cerrado duró unos minutos, pero dada la densidad de los manifestantes, fueron suficientes para derramar mucha sangre juvenil. Se tiraba a matar. Los represores en posición arrodillada, lo que muestra que no había respuesta armada ni de otra índole de parte de los manifestantes, daban la impresión de estar frente a un blanco, en prácticas de tiro.

Pero no sólo fueron balazos. Los muchachos y muchachas que quisieron en su desesperada huida saltar los muros de los predios del ISSS, recibieron machetazos en la cabeza y otras partes del cuerpo, hasta desmembrarlos, quedando en el lugar trágicas señales de la carnicería; pedazos de cráneo, cuero cabelludo y masa cerebral, huellas de manos ensangrentadas que aún podían observase al siguiente día.

Las calles del paso a nivel y frente a la entrada principal del ISSS, fueron humedecidas con sangre, que ni las copiosas tormentas caídas en días posteriores han logrado borrar totalmente. Es la sangre de personas, emanada hasta morir o de personas que murieron instantáneamente.

La persecución llegó hasta el interior del Hospital del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, en donde capturaron a muchas personas entre médicos, personal auxiliar de éstos y empleados de diverso rango.

Transcurridos ocho días, después de la masacre, el número de muertos y desaparecidos aún no ha sido establecido. Los cuerpos represivos, que recogieron los cadáveres y personas gravemente heridas, guardan completo silencio, lo cual ha dado base a la versión oficial, en el sentido de que solamente murió un estudiante universitario. Sin embargo, la verdad terminará imponiéndose y no será, precisamente, favorable a las versiones oficiales.

Por otra parte, es digno de recalcar que los manifestantes en ningún momento provocaron a los represores. Sin embargo, en la noche del 30 de julio, el Ministerio de Defensa y Seguridad Pública elaboró un boletín que deformaba totalmente la verdad: la pacífica manifestación fue calificada de “violenta manifestación” y que hubo “llamados a los instigadores por medio de alto-parlantes, para que desistieran de su propósito de provocar desórdenes”, cosas totalmente falsas, como falsas son también que la actitud violenta de que habla el boletín, se materializara “con el lanzamiento de granadas de fósforo, cocteles molotov, ataques con armas contundentes y disparos de armas automáticas y semi-automáticas”. Es falso, asimismo, que “como consecuencia de esta agresión” –que en verdad no la hubo’’ hayan habido “diez agentes de los cuerpos de seguridad gravemente heridos”.


para leer el informe completo: http://www.cidh.org/countryrep/elsalvador78sp/cap2.htm


NADIE QUEDARÁ EN EL OLVIDO.


26 de julio 1979
Santos Ortiz,
San Roque Mejicanos, San Salvador.

28 de julio 1982
Patricia Cuellar,
San Salvador.

29 de julio1981
José María Aguilar,
Suchitoto, Cuscatlán.

jueves, 28 de julio de 2011

Sandra Villatoro HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

Tomado de: http://www.simpatizantesfmln.org/blog/?p=7207

Muere ex-combatiente del FMLN, Sandra Villatoro + Fotos


Muere ex-combatiente del FMLN, Sandra Villatoro + Fotos

La compañera Rubenia (Sandra Villatoro) murio luego de padecer un prolongado cáncer. En homenaje a esta heroina, que como mucas sobrevivieron el conflicto armado publicamos su biografía:

Biografía de Sandra Villatoro “Yolanda y Rubenia”,

Mi familia por parte de mi abuela materna estaba bien involucrada en el trabajo político. Mi bisabuela repartía propaganda en la época de Martínez en medio de los tiroteos y una tía salía con ella. Mi madre era madre soltera y vendía ropa a los puestos de los mercados. Yo nací en el Hospital de Maternidad en San Salvador y la primera parte de mi niñez la pasé en el Barrio Lourdes. En 1965 nos fuimos a vivir al Barrio San José de Zacatecoluca, en el departamento de la Paz. Mi hermano mayor, que me llevaba dos años, era estudiante de arquitectura en la Universidad Nacional y ya se había organizado en el año 1978. A principios de 1979 yo estaba estudiando en el Colegio San Pablo, donde era buen estudiante, y la directora de la escuela me estimaba mucho. Yo me organicé en el MERS(Movimiento de los estudiantes de la Secundaria) y me pusieron de responsable de esta escuela. En mayo de 1980 mataron a cuatros dirigentes políticos campesinos, de los cuales dos eran mis responsables. Trajeron a los muertos al colegio para velarlos. El ejército nos rodeó, pero eventualmente, a través de la Iglesia, los pudimos enterrar. Después de esto me di cuenta de que me estaban controlando mis movimientos y tuve que salir de Zacatecoluca.

En julio de 1980 me enviaron a Cuba para recibir un curso que duró seis meses. Allí éramos muy pocas mujeres comparadas con los hombres y el curso era muy estricto. Después que terminé entré a Chalatenango vía Honduras a finales de febrero 1981, momentos después que comenzó la primera ofensiva, cuando todavía estaban formando los frentes de guerra. Al principio me querían poner en el trabajo logístico, pero me perdí rumbo a Upatoro y entonces me quedé mejor trabajando en abastecimiento. Abrieron otro campamento en El Jícaro, y después, en mayo, movieron el campamento donde yo trabajaba a la Montañona. Allí yo estuve en el mando con la tarea de recopilar información de las postas, y de la exploraciones y con esa información se hacían los croquis de La Laguna pueblo y Ojos de Agua y otros lugares. Yo lo transcribía y lo pasaba a Felipe. A los días se recuperó el primer radio de comunicaciones que usaba el ejercito, un radio PRC-77. Era un radio que uno ponía de mochilota. Yo escuchaba la comunicación de los puestos militares en San Ysidro, Ojos de Agua, Los Ranchos, Las Flores y Las Vueltas, o sea que yo hacía trabajo de intercepción. En 1981, unos días antes de que cumpliera 19 años me pasaron a la comandancia para trabajar en el equipo de información e inteligencia. Yo trabajaba con el hijo mayor del poeta Roque Dalton, Roque, cuyo seudónimo era “William”. Teníamos un radio cada uno y estábamos recopilando información para saber los movimientos en esta zona. En octubre de 1981 fue la ofensiva del ejército en la Montañona. Estábamos en un campamento que se llamaba “El Chile Quemado”. Nos fuimos para el campamento que estaba en “La Casona” y de allí nos separamos en dos grupos y nos fuimos en retirada. Cayó un desembarco al otro grupo, donde iba Marcial y mataron a toda los compañeros de seguridad de Marcial. No sé cómo fué que el viejito se salvó. Nos quedamos con el campamento de La Casona, y nos fuimos en retirada para romper el cerco. Allí iban Dimas Rodríguez y Salvador Guerra, y yo por casualidad había escuchado que la retirada era hacia Conacaste. Nos emboscaron el grupo en la madrugada en un lugar y salimos en desbandada y me quedé perdida. Ya no volví a saber nunca jamás de William. Nos tocó caminar varios días descoordinados en el monte. Yo andaba el radio y sabía los nombres de las posiciones del enemigo pero no conocía el terreno. Al principio éramos quizás unos siete de población y tres de la guerrilla, pero perdimos tres personas y no sabíamos para dónde se fueron. Estaba lloviendo y había una niña de unos cinco años que chillaba, pues había perdido a su familia y tenia los pies ensangrentados. Yo me puse un cincho de cuero adelante como portabebé y la cargué a la niña enfrente junto con la radio PRC-77 en mi espalda. Estuvimos enmatorrados varios días y aguantamos mucha hambre y sed. Queríamos acercarnos a un pueblo para buscar agua y comida pero nos dimos cuenta de que allí donde estábamos era Las Vueltas, donde estaba concentrado el enemigo. Había una señora de la población encharralada con nosotros con una bala en la pierna. Un día oí por el radio que se había terminado el operativo y que iban a concentrarse en Las Vueltas. Estaban hablando peladamente de cuánta gente habían descuartizado y torturado. Dejé a la gente de población y a la niña con Rudy el técnico del Radio Farabundo. El día del operativo, ya oscureciendo, yo y René de Sanidad salimos en dirección al Picacho, que estaba cerca, porque sabíamos que antes hubo campamento ahí. Nos dimos una gran perdida pero al fin llegamos. René de Sanidad y yo íbamos llegando a la entrada de la Laguna Seca cuando apareció un compañero de exploración. Le pregunté cómo llegar a Conacaste y de allí nos dimos otra gran perdida, pero al fin llegamos. Allí en Conacaste estaba Salvador Guerra, Jacinto y varios otros compañeros. Les explicamos cómo encontrar a la gente que había quedado encharralada por Las Vueltas. Al par de horas apareció Rudy en Conacaste, cargando a la señora baleada y también fueron apareciendo otra gente. De allí salimos para el campamento de El Alto. Llegaron los A-37 y empezaron a bombardear El Alto. Allí salió herido el compañero Neto de un brazo. Llegó Benito médico y le amputó el brazo con una navaja suiza.

Después, en 1982, ya habíamos quedado con sólo un radio. Estuve enseñándoles a unas compañeras campesinas a usarlo. Allí estaba German para las tareas de San Fernando y San Ysidro Labrador.

Yo para la tarea de San Fernando no tenía zapatos y antes de la tarea me dieron unos zapatos enormes que era una tortura porque me causaron grandes llagas en los carcañales y me dio fiebre. Cuando llegué al lugar de concentración en el Izotalillo me encontré con Felipón, que tenía unos zapatos que le quedaban muy pequeños y así fue que cambiamos zapatos y me quedé mejor.

Participé en varios operativos este año, siempre en calidad de trabajo de intercepción. En 1982 pedí permiso para salir a la Metro para ver a mi familia y me dieron 15 dias… Mi jefe era Mario. Salí, pero cuando llegué a la Metro me dijeron que tenía que quedarme trabajando allí. Así fue que quedé trabajando con Luciano y el Equipo de Información. Todas las casas de Información tenían muebles con varios embutidos. Teníamos un radio de intercepción y oímos las comunicaciones de las radiopatrullas. Y me tocaba salir a ciertos contactos donde me daban información de militares.

En Noviembre de 1982 estuve con 15 días de permiso en Chalatenango. Había una niña de 10 años que era hermana de la cocinera en el campamento y se vino conmigo de regreso a la Metro. Cuando llegó la hora de regresar al campo la niña pidió quedarse conmigo, así que la llevé donde mi mamá y mi mamá la crió.

Una vez, cuando capturaron a un compañero, nos dijeron que teníamos que estar pendientes para evacuar el local. Yo estaba embarazada e hice la primera posta, y cuando estuve haciendo la posta comencé a tener contracciones. Sabía que no iba a poder dormir, así que quedé en la posta toda la noche y al siguiente día nació mi primer hijo. Fue el 19 de mayo de 1984. Yo pasé a trabajar con María Elena y nuestra tarea fue que recibíamos a compañeros que venían enfermos de Chalatenango. Los llevábamos a distintos médicos, algunos que eran colaboradores y otros que no sabían nada. Recuerdo que no teníamos un oftalmólogo que fuera colaborador, así que llevamos a un paciente que tenía una esquirla en el ojo a un médico famoso que se llamaba Bracamonte. Allí en su oficina se puso a operarle el ojo al compañero y me dio guantes y me puso a ayudarle a él con la cirugía.

El compañero Arnoldo desapareció el día 17 de julio de 1985 y ya no se supo de él. Se lo llevaron a las cárceles clandestinas y quizás lo torturaron hasta que murió. Él vivía en la casa de la madre de él en San Bartolo. Su compañera Elena negó irse de la casa pues ella le quedó esperando. Una vez yo me fui a la casa para buscar a Elena para darle su estipendio que era una miseria, pero cuando entré vi a unos hombres. A mi un hombre me agarró del brazo y yo le di una patada duro pero habían varios y no pude escapar. Cuando me agarraron me capturaron la cartera y yo tenía correos de Cocal. Mi mama se fue a poner la denuncia al no más que no llegué a dormir en la casa y así fue que la Cruz Roja me pudo encontrar. Estuve en la guardia 15 días durante lo cual me estuvieron interrogando. Para complacerles a los interrogadores me inventé varios conectes y me sacaron en un Cherokee pero allí por supuesto no llegó nadie al conecte y me golpearon.

Después de 15 días me mandaron a la cárcel de mujeres. Allí estuve por 5 meses. Había mujeres de todas las organizaciones. Nosotros allí adentro de la cárcel hacíamos mítines y denuncias. Si uno tenia un montón de dinero para pagarle a un abogado te sacaban de allí. Cuando el abogado de la Cruz Roja me sacó, el ofreció mandarme a Suecia o Canadá pero Jacinto mi marido no quería.

Así que me fui de regreso al frente en mayo de 1986 después que salí de la cárcel. Allí conocí a Diego y el me puso mi nuevo seudónimo de” Yolanda”. Entre las tareas que tuve allí en este tiempo fue ir a trabajar en el CIR (Centro de Información Revolucionario). Allí trabajaba con Evita (la compañera de Germán) y Lucía . Allí lo que hacíamos era preparar los comunicados para repartirlos en los campamentos. Por este tiempo usábamos mimeógrafos y esténciles para hacer las copias. Quedé embarazada de mi segundo hija. Nos mandaron a mí y a Jacinto a la Radio Farabundo para trabajar juntos. Cuando tenía siete meses de embarazo me sacaron a San Salvador y como ya había sido encarcelada decidieron que era mejor mandarme a Nicaragua. Estuve un año en Nicaragua, allí trabajaba en comunicaciones para transmitir información del frente.

Cuando regresé a El Salvador estábamos en los preparativos de la ofensiva. Llegué el 9 de noviembre de 1989 y me quedé descoordinada porque mi contacto era para el 11 de noviembre así que no me coordinaron hasta después de la ofensiva para trabajar en el radio. Yo trabajé en comunicaciones y yo recibía información de Chalatenango a la metro a través del radio. Eso es lo que hacía hasta que se firmaron los acuerdos. Después de los acuerdos me pasé a la Radio Farabundo aquí y yo trabajé en la radio.



campaña permanente

Desde el Municipio de Santa Ana, El Salvador, PEDIMOS...


Al Concejo Municipal de Santa Ana: reivindiquen la memoria de nuestras víctimas... reconstruyan su monumento...

Monumento a las victimas civiles del conflicto

Monumento a las victimas civiles del conflicto
Las víctimas civiles de la guerra viven en nuestra memoria con la fuerza de la verdad, muchas veces oculta por sus propios asesinos, que permanecerán escondidos a la sombra de la impunidad...Solo la verdad y la justicia podrá llevarnos hasta el perdón y a la tan ansiada reconciliación...El horror que aquí vivimos no lo debemos olvidar, para que las futuras generaciones no repitan los errores de nuestra sociedad. Santa Ana, 25 de julio de 2007 (esta es la leyenda que rezaba la placa destruída en el monumento a las víctimas civiles del conflicto)
Ubicado en Carretera de Santa Ana hacia Metapán, cercano a la frontera con Guatemala. La construcción de monumentos a las víctimas es una forma de reparación moral, un Derecho a la Memoria, un compromiso de no repetir los crueles errores...
A menos de un año de construído, fue destrozado parcialmente, incluyendo la placa de bronce colocada con la leyenda. Es por tal razón que pedimos acompañemos este repudio moral, a quienes lo hicieron....
Ahora nuestra denuncia es por que las autoridades municipales de Santa Ana no han querido reconstruir el monumento... nuestro monumento.... aún cuando hay un convenio en el cual es responsabilidad de la comuna dar el mantenimiento.